Graznido
Quiero arroparme en las nieblas densas de los cementerios,
ser amada por las pequeñas bestias de actividad divina,
como el micelio de los hongos que conecta
de las entrañas de la tierra al espíritu intocable,
y las luciérnagas volcadas en mi iris sombrío
La luz oblicua rodeando la extensión de mis montañas,
los ríos de las compañías que ya no volverán a ser las mismas
Añoro momentos que no eran efectos del tiempo,
las profundidades de las veces que mi corazón no fue mío
No quiero que lo sea nunca, que desale y se entierre
Madera sobre madera que pesa a las nubes del cielo
“Quiero estar siempre abierta…”
Besar los ojos de la amada y llorar los tragos de saliva
Que los fragmentos del espejo colapsen mi sistema,
que multipliquen la vida hasta el rizoma de flor y entraña
No, no quiero tener que hacerme una,
criatura abandonada, hija de cesta de mimbre, diosa del mirar desde fuera
Cuando me llame la urraca,
el crecer de la herida del nacimiento se detendrá en ese instante
Las suertes y desgracias se enterneceran ante las vidas que me esperan:
de luz, de canela y ahumado, de música calcificada
Con el graznido de liberación eterna, otro mundo es posible aquí, ahora
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